
Una tarde de octubre caminando por un pasillo pasa una hermosa dama, la siguiente tarde vuelve a pasar pero no nota nada diferente, paso la tercera tarde por el mismo pasillo pero ahí había un sujeto, se veía pequeño, inocente, talvez hasta inofensivo pensó ella, su rostro reflejaba alguien amable, sus ojos eran tan transparentes que aquella dama pensó que en este ser no había mal y que necesitaba ser ayudado, se le acercó e inicio una conversación con este sujeto, aquel hombre se sorprendió por su amabilidad y la acompaño alguna que otra tarde a dar un paseo por el mismo pasillo, ella quedó encantada por las maravillas de las que le hablaba este señor, le contaba sus viajes a islas perdidas, sus aventuras en el cairo, hasta le dijo que era un sobreviviente de los piratas del perla negra, cada palabra que pronunciaba parecía ser tan verdadera, que con sus historias y demaces conquistó a esta doncella, la cual no había vivido el amor antes, pero creía que todo fulano que la hiciese sentir tan bien sería el merecedor de su más preciada pertenencia... su corazón.
Al pasar un par de meses , ella seguía encantada, pero debía luchar contra su familia y sus amistades, porque su padre era un duque y no era bien visto que ella se comprometiera con este sujeto, entonces ese mismo día al anochecer, se sentó en la cima de la torre, miró el cielo, contempló la noche, y pidió a las estrellas ser la mujer más feliz y dichosa de aquel reinado, en eso, bajó y se recostó en su recamara, y en sus sueños vino un hada y le dijo que debía hacer todo lo que estuviese a su alcanse para que aceptaran a su prometido, pero que tuviera mucho cuidado porque los ojos no ven lo que el corazón siente.
La mañana siguiente el sol resplandecía, ella se levantó y llevo a este fulano donde grandes modistos, le mandó hacer trajes, le compró joyas, le enseño a expresarse bien, le enseño de cosas finas, de gustos, lo introdujo en su mundo, le ofreció todo lo que ella pudiese tener, su supuesto caballero de 7 mares al comienzo se sintió mal, pero luego felizmente aceptó, comenzó a tener más fama, más dinero y lujo, su corazón se comenzó a envenenar, a llenar de cosas vanas, y olvidó que todo lo que el era, se lo había dado una mujer de dulce corazón que dejó absolutamente todo de lado para que el se sintiese a gusto, pero el segado de todo esto, no pensó las cosas antes de hacerlas.
El duque maximiliano aceptó su relación, pasaron dos meses y se casaron, ahora todo lo de la doncella pasaría en manos de su esposo, en manos erroneas.
El comenzó a humillarla, a gritarle, a decirle cosas tan hirientes que la doncella pasaba tardes enteras llorando y cuestionandose que había hecho mal. Ella lo amaba con todas sus fuerzas y cada vez que el hacía algo ella lo justificaba y solía decir "es mi esposo tengo que obedecerle".
En el reino cuando hacían fiesta y ceremonias ella no podía asistir porque al ser tan bella tuvo que pagar el precio de los celos de su esposo.
Pasaron los años y toda su belleza, sus ojos color caramelo, su piel aterciopelada, el rubor de sus mejillas y ese aire angelical que tenía, se fueron desvaneciendo, la oscuridad de la pieza en la que vivía la fue consumiendo, convirtiendola en una mujer fría, en un cubito de hielo.
Una tarde se escapó a tomar un poco de aire, a escuchar a la orquesta tocar en la plaza del reinado, y había un joven, apuesto, sonriente, parecía simpático, él al ver a tan bella dama se acercó y le dijo, "oh los angeles están callendo o estoy en el cielo", la doncella se sonrojó como hace mucho tiempo no lo había hecho, el la invitó al cafe de la plaza tomaron una taza de te y comieron galletas, y el mismo panorama se repitió un par de veces, hasta que un día su esposo se dió cuenta de sus salidas, la tomó muy fuerte del brazo, y la tiró al piso, en ese momento entra el rey y la reina y presencian este cruel acto hacía su hija la doncella, inmendiatamente los guardias lo arrestan y lo encierran en el calaboso de la torre, en tanto la doncella les cuenta todas las atrocidades que hacía su esposo, indignado el rey lo condenó a muerte.
La tarde de su ejecutación había llegado, su hora final, el gran juicio, aquel miserable hombre pedía perdon como niño arrepentido, suplicando misericordia, gritaba "piedad , piedad mi doncella! que oh no olvideis aquellos paseos en el pasillo", la doncella lo miró y pidió al rey que lo liberase y le dijo que apesar de tener todas las riquesas y comodidades del mundo, ella lo amó y prefirió rechazar a todo ello por su amor, por su felicidad, por vivir para siempre ese amor que un día fugasmente se fue, llevandose con el al hombre que ella realmente amó, también le dijo que todas las humillaciones y maltratos recibidos quedaron marcados a fuego como yagas en su piel, pero ella no era quien para juzgar a las personas, demostró una vez más que su noble y dulce corazón permanecía intacto.
Aquel miserable hombre fue expulsado del reino, siendo ella feliz con ese joven que un día conoció en el plaza, y la hizo sonrojar.
Y esa noche se le apareció nuevamente esa hada que le decía que tuviera cuidado porque los ojos no ven lo que siente el corazón, pero ella dijo a si misma, que no importa las veces que se equivocara su corazón, ella entregaría todo el amor que pudiese dar, porque amar no es tener un anillo de compromiso o tener algun titula de novios, amar es entregar tu vida a una persona, que la recibirá y la valorará como tu valorarías la suya, y esta doncella si supo amar. Entregate a la vida, al amor, y llora cuando debas hacerlo , pues las lágrimas son el consuelo del alma, son el parche de las penas, son la expresión del corazón, si no lloras no sientes, si no sientes, no vives, si no vives, nunca amaras.
El miserable hombre fue expulsado del reino y debe encontrarse bagando con la misma soledad de antes pero con el alma aun más envenenada, mientras que la doncella y su nuevo amor fueron felices para siempre, se escuchan las campanas de bodas en el otro extremo del reino, la doncella porfin encontró el verdadero amor.
Fin:)
Al pasar un par de meses , ella seguía encantada, pero debía luchar contra su familia y sus amistades, porque su padre era un duque y no era bien visto que ella se comprometiera con este sujeto, entonces ese mismo día al anochecer, se sentó en la cima de la torre, miró el cielo, contempló la noche, y pidió a las estrellas ser la mujer más feliz y dichosa de aquel reinado, en eso, bajó y se recostó en su recamara, y en sus sueños vino un hada y le dijo que debía hacer todo lo que estuviese a su alcanse para que aceptaran a su prometido, pero que tuviera mucho cuidado porque los ojos no ven lo que el corazón siente.
La mañana siguiente el sol resplandecía, ella se levantó y llevo a este fulano donde grandes modistos, le mandó hacer trajes, le compró joyas, le enseño a expresarse bien, le enseño de cosas finas, de gustos, lo introdujo en su mundo, le ofreció todo lo que ella pudiese tener, su supuesto caballero de 7 mares al comienzo se sintió mal, pero luego felizmente aceptó, comenzó a tener más fama, más dinero y lujo, su corazón se comenzó a envenenar, a llenar de cosas vanas, y olvidó que todo lo que el era, se lo había dado una mujer de dulce corazón que dejó absolutamente todo de lado para que el se sintiese a gusto, pero el segado de todo esto, no pensó las cosas antes de hacerlas.
El duque maximiliano aceptó su relación, pasaron dos meses y se casaron, ahora todo lo de la doncella pasaría en manos de su esposo, en manos erroneas.
El comenzó a humillarla, a gritarle, a decirle cosas tan hirientes que la doncella pasaba tardes enteras llorando y cuestionandose que había hecho mal. Ella lo amaba con todas sus fuerzas y cada vez que el hacía algo ella lo justificaba y solía decir "es mi esposo tengo que obedecerle".
En el reino cuando hacían fiesta y ceremonias ella no podía asistir porque al ser tan bella tuvo que pagar el precio de los celos de su esposo.
Pasaron los años y toda su belleza, sus ojos color caramelo, su piel aterciopelada, el rubor de sus mejillas y ese aire angelical que tenía, se fueron desvaneciendo, la oscuridad de la pieza en la que vivía la fue consumiendo, convirtiendola en una mujer fría, en un cubito de hielo.
Una tarde se escapó a tomar un poco de aire, a escuchar a la orquesta tocar en la plaza del reinado, y había un joven, apuesto, sonriente, parecía simpático, él al ver a tan bella dama se acercó y le dijo, "oh los angeles están callendo o estoy en el cielo", la doncella se sonrojó como hace mucho tiempo no lo había hecho, el la invitó al cafe de la plaza tomaron una taza de te y comieron galletas, y el mismo panorama se repitió un par de veces, hasta que un día su esposo se dió cuenta de sus salidas, la tomó muy fuerte del brazo, y la tiró al piso, en ese momento entra el rey y la reina y presencian este cruel acto hacía su hija la doncella, inmendiatamente los guardias lo arrestan y lo encierran en el calaboso de la torre, en tanto la doncella les cuenta todas las atrocidades que hacía su esposo, indignado el rey lo condenó a muerte.
La tarde de su ejecutación había llegado, su hora final, el gran juicio, aquel miserable hombre pedía perdon como niño arrepentido, suplicando misericordia, gritaba "piedad , piedad mi doncella! que oh no olvideis aquellos paseos en el pasillo", la doncella lo miró y pidió al rey que lo liberase y le dijo que apesar de tener todas las riquesas y comodidades del mundo, ella lo amó y prefirió rechazar a todo ello por su amor, por su felicidad, por vivir para siempre ese amor que un día fugasmente se fue, llevandose con el al hombre que ella realmente amó, también le dijo que todas las humillaciones y maltratos recibidos quedaron marcados a fuego como yagas en su piel, pero ella no era quien para juzgar a las personas, demostró una vez más que su noble y dulce corazón permanecía intacto.
Aquel miserable hombre fue expulsado del reino, siendo ella feliz con ese joven que un día conoció en el plaza, y la hizo sonrojar.
Y esa noche se le apareció nuevamente esa hada que le decía que tuviera cuidado porque los ojos no ven lo que siente el corazón, pero ella dijo a si misma, que no importa las veces que se equivocara su corazón, ella entregaría todo el amor que pudiese dar, porque amar no es tener un anillo de compromiso o tener algun titula de novios, amar es entregar tu vida a una persona, que la recibirá y la valorará como tu valorarías la suya, y esta doncella si supo amar. Entregate a la vida, al amor, y llora cuando debas hacerlo , pues las lágrimas son el consuelo del alma, son el parche de las penas, son la expresión del corazón, si no lloras no sientes, si no sientes, no vives, si no vives, nunca amaras.
El miserable hombre fue expulsado del reino y debe encontrarse bagando con la misma soledad de antes pero con el alma aun más envenenada, mientras que la doncella y su nuevo amor fueron felices para siempre, se escuchan las campanas de bodas en el otro extremo del reino, la doncella porfin encontró el verdadero amor.
Fin:)
Esta es una historia real.

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